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Él Primer Es de México.

Mi nombre es José Betancourt Mora, tengo 22 años, soy el tercero de 5 hijos, único hombre en la familia, nací en los Reyes Michoacán.

Cuando era pequeño soñaba con ser alguien en la vida, quería ser como mi papá, un hombre fuerte, inteligente y trabajador. Era muy inquieto y a causa de eso fui un niño muy golpeado, castigado, avergonzado. Cuando llegué a la pre-adolescencia comencé a experimentar muchos miedos, impotencias, frustraciones y depresiones, no quería sentirme así, pero no encontraba cómo evitarlo. Sentía que mi vida no tenía sentido y constantemente me preguntaba para qué existía, le preguntaba a Dios qué quería de mí, pero mis preguntas nunca eran respondidas, y desarrollé un enorme sentimiento de soledad. En busca de cariño, comprensión y paz para mi alma, salí al encuentro de los que supuestamente eran mis amigos, comencé a actuar como ellos y con 14 años comencé a consumir cocaína.

Al inicio sentía que finalmente había encontrado la felicidad que buscaba y que la droga no me traería mayores consecuencias, pero esta fantasía duró muy poco, porque cuando quise dejarla, ya me había viciado, ya era un adicto a la cocaína. Por ella comencé a mentir a todos, a robar para comprarla, pasaba noches enteras sin dormir, drogándome, no comía durante días, la droga era mi único alimento, ya me drogaba en contra de mi voluntad. Mi vida era una pesadilla y sólo deseaba morir. Me dolía en lo más profundo del alma ver llorar tanto a mis padres por mi causa, sus ojos reflejaban miedo, dolor, impotencia. Estaba cansado de la vida, y no encontraba cómo salir de ese infierno. Mis padres me llevaron a varias clínicas y anexos; muchas veces logré desintoxicarme, pero siempre caía de nuevo porque en el fondo, mi corazón seguía con un inmenso vacío y mi vida sin ningún sentido.

Un buen día mi papá me llamó y me dijo que quería platicar conmigo, desesperado fui a donde estaba él y lo escuché con atención, me dijo así: "por medio de la hermana Conchita del Toro (Carmelita del Sagrado Corazón), supo nuestro Párroco, el Sr. Cura Francisco (hermano de ella) que existe un lugar llamado Hacienda de la Esperanza donde pueden ayudarte, es un lugar diferente a todo lo que conoces, donde puedes pasar un año hasta que encuentres lo que realmente buscas para no tener que caer nuevamente en las drogas". Pasó dos horas hablándome de lo que sabía de la Hacienda, yo sentí emoción y nació en mí la esperanza de una última oportunidad, de inmediato comencé a hacer los trámites y una semana después llegué a vivir a la Hacienda de la Esperanza.

Hoy he concluido 12 meses en ella, y durante mi proceso aprendí a través de una fuerte espiritualidad, aplicada en el trabajo y la convivencia, que Dios es sólo Amor, que yo soy creación suya y por lo tanto también soy amor y el sentido de mi vida, es "vivir para amar". Me gusta mucho orar, meditar la Biblia, leer libros que me ayuden a reflexionar, busco a Dios en mis hermanos y me gusta servirlos lo más posible, cuando me hacen algo que no me gusta, trato de perdonarlos de inmediato, no tengo tiempo para perderlo en rencores, pues Dios me devolvió la vida. Hoy en día, puedo decir que descubro a Dios en todo. Le agradezco infinitamente por mi cuerpo, mi mente, mi espíritu y también por mis debilidades, errores, pecados, pues sé que ahí está Él y que todo concurre para mi bien.  

En mi proceso también descubrí mi vocación, sentí un llamado fuerte para trabajar por los niños de la calle, esos niños maltratados y olvidados por todos que de no ser amados y rescatados por alguien, terminarán peor que yo. Yo quiero ser quien los ame y les ayude a descubrir lo que yo encontré en la Hacienda. He hecho mi solicitud a nuestra Casa del Menor en Brasil para ir a formarme por un tiempo y si Dios me lo permite, a mi retorno hacer una fundación de esa casa en México.

Gracias a la Comunidad de la Familia Esperanza, y a todos los que por este año dieron la vida por mí, para que yo retornara a la vida, yo haré lo mismo por los demás.

José Betancourt Mora