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Una Esperanza Viva para México

Hacienda de la Esperanza, Nuestra Señora de Guadalupe.

En 2003, Martha Patricia, una religiosa Carmelita del Sagrado Corazón, de nacionalidad mexicana, quien se había dedicado a la educación en colegios por varios años, vio la necesidad de hacer un alto en su vida y tomar 6 meses como retiro en un Centro de Espiritualidad y vida natural en Itajubá, Minas Gerais-Brasil.

Durante ese lapso, se dio la oportunidad de hacer un gran vacío en su mente y corazón para poder preguntar a Dios con santa indiferencia (como dice San Ignacio), qué era lo que Él quería para ella en esta etapa de su vida.   Después de tres meses cuando se sentía con mayor desapego y libertad para escuchar y acoger la voz de Dios, sin buscar, ni pretender nada, llegaron a sus manos dos libros que más tarde modificarían por completo su vida y la de muchos otros.

"Donde la Esperanza tiene nombre" y "Tabebuias", eran los nombres de estos libros, que en su contenido, presentan historias reales de jóvenes que a través del amor, se recuperan de la dependencia química en la Hacienda de la   Esperanza.   Después de leer una página, cada vez con más interés y pasión que la anterior, su corazón se incendiaba e inflamaba de gozo gritando en un lenguaje silencioso, aquí hay algo que siempre he buscado!!! Quiero verlo con mis propios ojos!!!

Al día siguiente viajó hacia la Hacienda de las Pedrinhas en Guaratinguetá, Sao Paulo, una de las más de 40 haciendas existentes actualmente y desde el primer momento, ya que había caminado 5 km. en medio de la lluvia antes de llegar, fue provista de ropa seca y caliente, alimentos, y mucha atención.    Lo más impactante fue haber encontrado decenas de personas sonriendo, cantando, colaborando en servicios; parecía todo, menos un lugar lleno de jóvenes drogadictos y alcohólicos.

Nelson (fundador) de inmediato la acogió y convidó para conocer toda la obra, visitó y participó algunos días en actividades con los y las jóvenes en recuperación, escuchó muchas de sus experiencias. También participó en algunas actividades con los responsables de todas las Haciendas, reunidos ahí en esos días, y finalmente, antes de retornar a Minas Gerais, compartió con Nelson y Lucy (fundadores) la maravillosa estancia que tuvo ahí durante ese tiempo, sin embargo, no había nada claro en cuanto a qué relación podría tener esta vivencia con su futuro.   En ese momento Nelson le compartió que desde tiempo atrás venía sintiendo en oración con mucha insistencia, que la Virgen de Guadalupe clamaba por un lugar así para tantos de sus hijos mexicanos que sufren dependencia química y necesitan una obra como ésta a donde se sientan amados, acogidos y encuentren finalmente su salud.    A partir de ese momento solemne, todos supieron que había llegado la hora de dar respuesta concreta a ese clamor.

Tres meses más tarde, después de un profundo discernimiento y contando con el apoyo de su congregación,   la hermana Martha Patricia viajó a México y al cabo de 6 meses, retornó a Brasil junto con otros 18 mexicanos (drogadictos, alcohólicos, voluntarios (as), religiosas de otras congregaciones) para vivir un año completo dentro de las fazendas en esa experiencia de recuperación a través del amor y posteriormente tener elementos para poder fundar la primer Hacienda de la   Esperanza en México.

Al concluir el año de experiencia, retornaron a su país junto con otros 8 misioneros brasileños y dos de los fundadores y durante un mes hicieron una misión, no sólo para realizar la fundación de México, sino también en Guatemala.

Aún cuando a su retorno, los mexicanos no contaban con recursos, ni terreno para hacerlo; como sucede en toda obra cuando es de Dios, de inmediato se les abrieron puertas; recibieron la donación de una bella hacienda en el Estado de Jalisco, así como de una camioneta para transportarse; actualmente están formándose para el diseño de construcciones naturales y diversos trabajos en el campo para los jóvenes mexicanos que ya están en proceso de recuperación, a fin de que la Hacienda pueda sostenerse por sí misma; también se están constituyendo legalmente; cuentan con el apoyo y cariño de varias comunidades y poco a poco van dando a conocer con su vida personal y comunitaria esta maravillosa obra, donde una vez más se confirma que el Amor lo puede todo; cuando los jóvenes descubren personalmente a Dios-Amor, se experimentan amados por Él y comienzan ellos mismos a amar concretamente a sus compañeros a través de pequeños actos, su recuperación acontece, su corazón se llena y los vicios no son ya importantes, ni necesarios.

Santísima Virgen de Guadalupe, inspiradora de esta obra en México, acompáñala, ilumínala, y condúcela hasta el fin.