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La Hacienda de la Esperanza

La Hacienda de la Esperanza es una obra social fundada en 1983, en Guaratinguetá (interior de San Pablo- Brasil). Un joven, Nelson Giovanelli, impulsado por el deseo de vivir el Evangelio, se aproximó a una "boca de fumo", (lugar de encuentro de drogadictos) que cruzaba todas las tardes al regreso de su trabajo, a fin de demostrar el amor fraterno a sus frecuentadores. Un día, uno de ellos le pidió ayuda: quería dejar las drogas. Al poco tiempo, Nelson, junto con un joven y algunos otros que se les asociaron, pidieron ayuda, y orientados por Fray Hans Stapel - fraile franciscano de quien Nelson recibió  el ideal de vida basado en el Evangelio y que lo acompañaba paso a paso - fueron a vivir juntos. Vivían de su trabajo y, a ejemplo de los primeros cristianos, decidieron poner en común todas sus ganancias. Todos los días, por la mañana, escogían una frase del Evangelio para meditar y ponerla en práctica; a la noche, narraban uno al otro cómo lo habían vivido. Otras personas, deseosas de liberarse de las drogas, se les fueron juntando, y así el pequeño grupo fue creciendo, dando origen a la Hacienda de la Esperanza.

En 1988, una joven, Luci Rosendo, oyó de la experiencia de esa comunidad y se sintió empujada a vivir de la misma forma, dando inicio al Centro Femenino.

Hoy existen dieciséis comunidades en el Brasil. Por las Hacienda ya han pasado cerca de tres mil jóvenes. La comunidad de Guaratinguetá, madre de todas las otras, tiene doscientos veinte jóvenes y ochenta muchachas. En total, son atendidos más de ochocientos jóvenes.

También se abren comunidades fuera del Brasil: ya existe dos en Alemania y está en proceso de fundación de una comunidad en Rusia.   Igualmente hay pedido de apertura en otros países. Y en Paraguay, México, Guatemala, Argentina, y África   la Hacienda   también ya es una realidad.

A lo largo de su historia, la Hacienda   de la Esperanza, siempre contó con el apoyo indispensable de la Iglesia Católica.   Por otra parte, cada nueva comunidad que se abre cuenta con el apoyo y con el consentimiento del obispo local.   Actualmente las Hacienda son atendidas personalmente por Mons. Bernardino Marchió, Obispo de Pesqueira (PE), lo cual asegura la plena comunión con la Iglesia.

Todas las comunidades viven y se mantienen de su propio trabajo.   Están impulsadas por un estilo de vida basado en el Mandamiento Nuevo del Amor: "Ámense los unos a los otros como Yo les he amado". Se inspira en la sencillez y en el amor a la naturaleza, típicos de la espiritualidad franciscana. De hecho, por todas partes se busca testimoniar el mensaje de San Francisco. Se inspira también en la vivencia comunitaria, típica de la espiritualidad de unidad del Movimiento de los Focolares.   Este Movimiento, fundado por Chiara Lubich en 1943, en Italia, desea construir un mundo más unido, conforme a la oración de Jesús a su Padre: "Que todos sean uno."

De esta manera se consolidó un "método de recuperación" basado en el trípode: espiritualidad, trabajo y convivencia.   Esta última es consecuencia de la vida familiar que se forma entre los internos y, después, con aquellos que terminan el tiempo de internación y regresan a la sociedad.

El trabajo es un aspecto muy importante en la recuperación. Los jóvenes tienen que descubrir en sí mismos el potencial que tienen y cuánto pueden realizar con sus propias manos. Tienen que darse cuenta, además, que son ellos mismos los que construyen su cambio, su recuperación. Trabajan, por ejemplo, en una fábrica de alimentos congelados o de pastas o de conservas de carne; fabrican envases de plástico reciclado y detergentes; fabrican velas, trabajan en la carpintería, crían animales o peces, cultivan plantas, extraen miel de abeja, recogen frutas, como la acerola. La producción es recogida y vendida en todo el Brasil y la ganancia se revierte para la manutención de las comunidades. También las familias de los internos colaboran directamente en la venta de esos productos.

Cualquier joven puede formar parte de una comunidad de Hacienda de la Esperanza, con tal de que manifieste por escrito su deseo de cambio de vida, de ruptura con la drogadicción y esté de acuerdo con el estilo de vida que se le propone.

Apenas cumple su tiempo de internación (un año) los "ex" como son llamados, se mantienen en contacto por medio de un boletín periódico, "El Retorno a la Vida", y pueden participar de los grupos "esperanza viva" de ayuda mutua y de fortalecimiento espiritual, en las ciudades donde éstos ya existen. Muchos visitan regularmente la Hacienda de la Esperanza para fortalecerse y reencontrar su nueva familia. Pues quien completa el período de recuperación pasa a ser considerado de la familia, es decir, un miembro vivo de la Hacienda de la Esperanza. Por eso, siempre que se abre una nueva Hacienda él es invitado a colaborar voluntariamente, en la medida de sus posibilidades, integrando el grupo que realiza esta fundación. De este modo se desenvuelven las Hacienda de la Esperanza.  

También hacen un amplio trabajo con los padres y familiares, que mensualmente participan de los encuentros de formación, promovidos por otras familias voluntarias, que las acompañan. Así, ellos logran experimentar de igual modo ese nuevo estilo de vida y comprenden mejor a los hijos y, como ellos, descubren un sentido nuevo de su vida familiar, indispensable para la reintegración de esos jóvenes en la sociedad.  

Toda la obra social de la Hacienda de la Esperanza es conducida por personas que se dedican gratuitamente, conviviendo con los internos en recuperación. Motivados por el ideal cristiano, donan su tiempo de vacaciones, un período prolongado o inclusive toda la vida, ponen a disposición sus talentos, su profesión y su dinero... Por eso en diciembre de 1999, don Aloisio Lorscheider, Arzobispo de Aparecida (SP) oficializó una asociación de fieles, casados o solteros, que se consagran a esta familia, la "Familia de la Esperanza".

A la vuelta del milenio, la Hacienda de la Esperanza desea ser una respuesta positiva a un desafío asumido por la Iglesia católica.

 

Nelson Giovanelli
Fray Hans
 
Luci Rosendo
Iraci Leite